A inicios de 1824, apenas dos años después de la anexión haitiana de la parte oriental de La Española, la tensión hervía en silencio. En Los Alcarrizos, un pequeño pero estratégico poblado cercano a Santo Domingo, comenzó a gestarse una conspiración que pretendía poner fin a la dominación de Haití y restaurar el vínculo con la corona española.
El 24 de enero de ese año, en la casa del sacerdote Pedro González, se reunieron figuras claves: Baltazar de Nova, Antonino González, y varios capitanes de la Guardia Nacional, como Lázaro Núñez y José María de Altagracia. Días más tarde, una segunda reunión en San Carlos reforzó la trama que algunos ya consideraban el primer paso hacia una gran insurrección.
Su descubrimiento
La conspiración, impulsada por el descontento hacia las reformas de Jean-Pierre Boyer, buscaba coordinar levantamientos en distintos puntos de la colonia. Sin embargo, el plan fue denunciado y llegó a oídos del gobernador haitiano Jérôme-Maximilien Borgella. Con rapidez, 200 soldados se desplegaron para sofocar el movimiento antes de que estallara.
Arrestos masivos siguieron a la denuncia. Entre los detenidos figuraron Lázaro Núñez, José María de Altagracia, Facundo Medina y Juan Jimenes —padre del futuro presidente Manuel Jimenes—, además del propio sacerdote Pedro González.
El 9 de marzo de 1824, la represión alcanzó su punto más cruel: cuatro de los principales conspiradores fueron fusilados cerca del Fuerte de San Gil, en Santo Domingo. Otros, como Baltazar de Nova y Antonino González, lograron escapar; unos hacia el Cibao, otros hacia Venezuela, desde donde siguieron alentando la causa separatista.
Los sobrevivientes que no pudieron huir fueron condenados al destierro, mientras que la población quedaba sumida en el miedo, pero también con la semilla de la resistencia sembrada.
Precedente de independencia
Aunque la Rebelión de Los Alcarrizos fracasó en su objetivo inmediato, marcó el primer gran movimiento contra la dominación haitiana y abrió el camino para futuros levantamientos que desembocarían en la independencia dominicana de 1844.
Este episodio, menos recordado que otras gestas, refleja la compleja lucha de intereses y la diversidad de voces que clamaban por soberanía en una época convulsa, donde las lealtades se debatían entre la vieja metrópoli y las nuevas realidades del Caribe.
Fuentes:
Archivo General de la Nación: Documentos de la ocupación haitiana








































