Panorama actual en República Dominicana
Tamaño y crecimiento: Según estimaciones recientes, el islam representa apenas un 0,02 % de la población dominicana, es decir un número muy reducido comparado con el 95 % cristiano.
Centros de culto islámico: Existen alrededor de cinco mezquitas activas, incluida la mezquita Al-Noor en Santo Domingo, con algunas presentes en Santiago, San Pedro de Macorís, La Vega y Punta Cana.
La presencia musulmana es marginal en cuanto al impacto demográfico, pero lo que sucede en otras partes del mundo nos alerta a estar atentos.
El espejo europeo: de tolerancia al replanteamiento cultural
España: En Jumilla, autoridades locales prohibieron festivales religiosos musulmanes en instalaciones deportivas, justificándolo como defensa de la identidad cristiana. Esta medida desató críticas por discriminación religiosa.
Francia: Un informe gubernamental advirtió que la Hermandad Musulmana estaría operando desde instituciones islámicas para erosionar valores republicanos. Aunque no hay pruebas concluyentes de reemplazo cultural, las alarmas se encendieron.
Estas realidades europeas demuestran cómo, sin regulación y límites claros, minorías organizadas pueden presionar cambios sociales significativos. No se trata de represión, sino de equilibrio cultural.
¿Qué dice nuestra Constitución?
La Constitución dominicana garantiza la libertad de culto, con igualdad ante la ley sin discriminar por religión.
El Concordato de 1954 mantiene al catolicismo con privilegios específicos, como financiamiento público, exoneración de aranceles e instrucción religiosa en escuelas públicas.
Otras confesiones, incluyendo comunidades musulmanas, deben registrarse como ONG para obtener reconocimiento legal o beneficios fiscales.
Este marco provee libertad, pero también reconoce una herencia cristiana institucional, a la que debemos garantizar que siga siendo mayoritaria en espíritu y cultura.
Riesgos reales
Cambio gradual de normas sociales: En RD, permitir sin orientación qué símbolos, costumbres o leyes se introducen podría erosionar valores cristianos históricos.
Presión institucional futura: Organizaciones religiosas podrían exigir espacios y derechos para imponer visibilidad cultural en servicios públicos o escuelas.
Migración regional y étnica sin criterios claros: En un país con tensiones migratorias (como con Haití), la penetración cultural podría acelerarse sin controles.
Descontento ciudadano: La población mayoritaria cristiana podría percibir que «avanza lo ajeno» sobre lo propio, fomentando polarización social.
Este escenario no es fantasía: es lo que alertan experiencias europeas como las de España y Francia.
República Dominicana tienemos una identidad histórica profunda construida sobre principios cristianos. El crecimiento de minorías religiosas debe manejarse con prudencia, no con miedo, pero tampoco con indiferencia. La clave está en anticipar, estructurar y proteger la identidad.
Si optamos por ser permisivos sin límites claros, podríamos enfrentar en el futuro lo que hoy está sucediendo en Europa. No es opinión extremista. Es previsión. ¿Qué acciones tomaremos juntos para preservar lo que somos?








































