Washington, D.C. — En julio de 2020, en medio del caos global provocado por la pandemia de COVID-19, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, sorprendió al mundo al anunciar oficialmente la retirada de su país de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta medida —sin precedentes en una crisis sanitaria internacional— dejó a la comunidad global con una pregunta crucial: ¿Por qué Estados Unidos, el mayor financista de la OMS, decidía dar la espalda a la principal agencia de salud mundial en el momento más crítico?
Acusaciones y desconfianza hacia China
Trump justificó su decisión acusando a la OMS de estar «completamente controlada por China» y de haber gestionado de forma negligente e irresponsable la respuesta inicial al brote del coronavirus. Según su administración, la organización ocultó información crítica y no presionó adecuadamente a Beijing para compartir datos sobre el virus en las primeras semanas del brote.
“El mundo recibió toda la información equivocada”, declaró Trump en una conferencia de prensa en mayo de 2020. “Nosotros financiamos la OMS con cerca de 450 millones de dólares al año, mientras que China aporta apenas 40 millones. Sin embargo, controlan a la organización. Eso no es justo”.
Para muchos analistas, la decisión fue también un movimiento político calculado en el contexto de las elecciones presidenciales de 2020. Trump buscaba redirigir las críticas internas por el manejo de la pandemia hacia un enemigo externo: China. Acusando a la OMS de complicidad con el régimen chino, logró vincular dos de sus principales narrativas de campaña: la desconfianza hacia las instituciones internacionales y su firme postura contra el expansionismo de Beijing.
Además, el retiro formaba parte de una estrategia más amplia de su administración para reducir la participación de EE.UU. en organismos multilaterales, como se evidenció también con la salida del Acuerdo de París sobre el cambio climático y del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
El retiro de Estados Unidos representó un duro golpe financiero y simbólico para la OMS. Washington era el mayor contribuyente individual, aportando más del 14% del presupuesto total de la organización. Su ausencia debilitó la capacidad operativa de la OMS en programas de vacunación, investigación epidemiológica y respuesta a emergencias en países vulnerables.
También creó un vacío de liderazgo que otras potencias, especialmente China, aprovecharon para fortalecer su influencia en el sistema de salud global. El gigante asiático aumentó sus contribuciones voluntarias a la OMS y promovió iniciativas de cooperación médica con países en desarrollo, lo que alteró el equilibrio geopolítico dentro del organismo.
La decisión de Trump fue duramente criticada tanto por líderes mundiales como por figuras del ámbito científico. Joe Biden, en ese entonces candidato presidencial, prometió que, de resultar electo, restauraría la membresía estadounidense en la OMS, lo cual cumplió en sus primeros días como presidente.
Expertos en salud pública advirtieron que retirarse de la OMS durante una pandemia era “inconcebible” e “irresponsable”. La comunidad médica estadounidense también expresó preocupación por el impacto que tendría esta medida en la cooperación internacional, la distribución de vacunas y la preparación para futuras pandemias.
¿Una advertencia o un precedente?
Aunque Estados Unidos volvió a la OMS bajo la administración Biden, la retirada de Trump dejó una señal clara: el multilateralismo sanitario está sujeto a los vaivenes de la política interna de las grandes potencias. También abrió el debate sobre la necesidad de reformar la OMS, aumentar su transparencia y revisar sus mecanismos de financiación para reducir la dependencia de pocos países.
En un mundo interconectado, las decisiones unilaterales de los líderes de potencias globales tienen impactos que trascienden fronteras. El episodio de Trump y la OMS no solo reflejó una ruptura en la cooperación sanitaria, sino una advertencia sobre la fragilidad del orden internacional cuando los intereses nacionales se imponen sobre los compromisos colectivos.




































